CUANDO TU ENTRENADOR GRITA, Y TU CUERPO SOLO QUIERE HUIR

Amazona de espaldas junto a su caballo en un entorno brumoso, imagen en blanco y negro que representa el conflicto emocional invisible | vincitori Adara Pérez

Lo que callas para no parecer débil… hoy alguien lo dice por ti

A veces, lo que más duele no es lo que pasa en pista.

Es lo que te tragas para seguir montando como si no pasara nada.

Es el nudo en la garganta cuando disimulas. La sonrisa que mantienes para no incomodar. La bronca que no contestas. La lágrima que no cae.

Y lo más duro es que todo eso lo haces por amor a este deporte. Por respeto. Por miedo también, sí. Aunque, sobre todo, por no perder ese lugar que tanto te ha costado ganar.

Una amazona me escribió. No con rabia. Con verdad.

“Mi entrenadora nunca me habla de mentalidad. Me grita que soy una cagona antes de entrar a pista. Y si entreno mi mentalidad contigo y me cambia algo… ¿cómo le digo que fui yo sola quien se atrevió a cambiar?”

¿Notas la fractura?

No es entre ella y su entrenadora. Es entre dos partes de sí misma:

  • La que aún quiere su aprobación.
  • Y la que ya no puede seguir negándose por dentro.

Eso, amazona, es conflicto.

No el técnico. No el de pista. El interno. El que desgasta más que cualquier fallo en el ejercicio.

¿Te han dicho que eres demasiado?

¿Demasiado sensible? ¿demasiado emocional? ¿demasiado intensa?

A mí también.

Y lo peor es que durante años lo creí. Creí que sentir así era debilidad. Que esa voz que se me quebraba me alejaba del alto rendimiento.

Hasta que entendí que esa sensibilidad era mi sensor más afilado de lo que estaba mal.

Y no solo fuera. Dentro también.

El verdadero conflicto no es con tu entrenadora. Es con la voz que elegiste escuchar

Durante mucho tiempo repetí esta frase antes de competir:

“No la líes, por favor, no la líes”

Parecía una plegaria. Aunque era una forma sofisticada de sabotaje.

Cada vez que me lo decía, mi cuerpo ya había decidido que no confiaba en mí.

Hasta que un día, sin pensarlo demasiado, me respondí algo distinto:

“Estoy aquí porque sé montar. Punto”

No hubo ovación. No se iluminó el cielo. No pasó nada fuera.

Aunque dentro, pasó todo.

Por primera vez no monté desde el miedo. Monté desde la decisión.

Desde fuera, no se nota. Desde dentro, es un antes y un después

Nadie vio nada especial en esa prueba. No hubo nota récord. No hubo gloria viral.

Aunque esa vez… no me traicioné.

Y eso, para una amazona que ha callado más de lo que ha expresado, vale más que cualquier cinta azul.

Este no es un texto contra nadie. Es a favor de ti

No vamos a culpar entrenadores. Ni a demonizar métodos. Esto no va de victimismo. Va de verte con claridad.

Y de nombrar un hecho:

Cuando te gritan, tu cuerpo se tensa. Y cuando te tensas, dejas de montar desde el arte y empiezas a sobrevivir desde el miedo.

¿Dónde está el rendimiento ahí?

No lo hay.

Solo hay una amazona que hace equilibrios entre no decepcionar a quien la entrena… y no traicionarse a sí misma otra vez.

¿Y si lo que tú ya sabes por dentro… es lo que te toca empezar a respetar?

Tal vez ya no necesitas más instrucciones.

Tal vez necesitas entrenar una nueva forma de estar contigo antes de entrar a pista.

Una que no grite. Que no humille. Que no empuje desde el miedo.

Una que te acompañe. Que te respete. Que te afile sin romperte.

Y eso, amazona, sí se entrena.

Adara ♞
La que no dejó de montar… aunque sí dejó de obedecer voces que la rompían por dentro.
La que aprendió a competir sin tener que callarse para sobrevivir.

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